Algo ocurrió, llegaron los montes alzandose desde cerca y desde lejos, dejando azules escaparse entre los pinares, entre las milpas empedradas. Llegamos a El retiro, a aquel hermoso lugar tan lleno de magia, donde supimos acercarnos a los indigenas de "la mejor manera". Nos presentamos en la asamblea frente a todos ellos, frente a toda la comunidad, Paula y yo, sobre el estrado, contando de dónde veníamos y para que andabamos allá, donde nadie quiso interesarse en ir. Y miraban primero miedosos, y luego sonrientes, cuando traducían nuestras palabras al Xeltal (quizás lo escriba mal), haciendo eco de las bromas que intercalaba la Autoridad que le había tocado ese año representar y mediar en el poblado. Era curioso y hermoso ver a todas esas gentes con sus caras curtidas del sol, el frío, la lluvia y el campo, habitantes de la madera, de los telares, de los temascales, de la música, abordaban tanto como andábamos buscando, a lo largo y a lo ancho, abrazando la naturaleza para exprimir de ella las necesidades cotidianas. Fue hermoso, repito, llegar a tal dulce lugar y como digo, algo ocurrió, algo me/nos hizo abandonarlo.
Iba a haber una fiesta el 1o de mayo, el día de las madrecitas, con sus bailes, con sus campeonatos de baloncesto donde ibamos a tomar parte, ibamos a apoyar a la comunidad en cuanto fuese surgiendo como lo hicimos un día después de llegar con las vacunaciones de los perros, o con el reparto de los regalos del día de los niños otro día más allá. Ibamos a seguir construyendo el tejado de una casita que surgía nueva entre la espesura del bosque para ser reflejada por el sol tras la lluvia como lo hacían todas, cada uno de los días que anduvimos allí. Ibamos a ir a cazar entre matorrales, pino, robles, bejuco... un tipo de bosque mediterraneo y selvatico que me hacía dudar del continente en el que habíamos ido a parar. Saber de su manera de organizarse, como las figuras de autoridad pasaban de unos a otros haciendo participes de la dureza que suponían los cargos a quienes les habría de tocar aún o a los que ya habían pasado por ello (Eso sí, las mujeres quedaban de lado, opinaban pero no representaban). Saber también su modo de trabajar la madera, de hacer sus ropas, de proveerse de fruta, verdura, carne, legumbres para el alimento. Saber de su saber de las plantas medicinales, de su manera de entender y expresar la vida, de como se transformaba en leyendas, cuentos, dioses...
Pero como dije y vuelvo a decir, nos fuimos, abandonamos la comunidad porque ya no era el momento, algo ocurrió dentro de mi corazón y me hizo torcer en el siguiente camino, dejar esas experiencias para otro momento de la vida, para otro lugar y seguir con mis sueños, con mi trabajo, enfrentarme sólo (o con quien quiera acompañarme) a la tarea de lo que ya aprendí, llevo el saco lleno queridos amigos, familia, hermanos. Y llega el momento de sacarlo y trabajarlo y ver cuan lejos puede llegar la sabiduría de tantos pueblos, de tantos años, de tantos siglos. Un saquito no más, no se vayan a creer, que mi espalda y mi cuerpo ya no puede cargar tanto, pero bien curtido de hermosidades, al menos para mi, ¿quien querrá compartir esto?. Ya me contestan, no hay prisa, aquílo escriben, ahí nos vemos. Y qué curiosa es la vida, queridos todos, que así no más, un día algo ocurre dentro de sí y le dice a uno otra cosa de lo andado....
1 comentarios:
"Ver la realidad como realidad, es siempre despertar a ella, es disponerse a crear una sociedad humanizada... el Planeta entero es nuestra casa, convivir en él quiere decir sentir y saber que nuestra vida, aún en su trayectoria personal está abierta a los demás. Vivir es anhelar, la vida no se expresa sino para transformarse..." María Zambrano escribió estas palabras que hoy me encuentro por casual-causalidad en el camino. Y aquí las dejo, mientras lo que escribes, Mario, resuena en mí y me deja bien pensativa... Un abrazo fuerte,
Raquel
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