Mérida, querida Mérida también, por que no. LLevamos algo así como ocho, diez
días en la capital Yucateca, tiempo para descansar, para cuidarse con las comiditas, para disfrutar de nuestro departamento, para ir por ahí en busca de conciertos, bibliotecas, o gente que nos ayude a concretar nuestro viaje, que nos hable de las comunidades indigenas de la zona, de que viven, de que trabajan, con que
sueñan, y bueno pues, algo de resultado da, pero no mucho, mucho buscar y poco encontrar, no siempre aparece a la vuelta de la esquina un indiecito que nos invita a parar un tiempo en su pueblito.
Ahora andamos a un ratito de despegar de acá, quedan días de seguir dándole a las facultades de Ciencias Sociales, a la de Antropología, quedan algunas excursiones a pueblos de la zona para que, si la vida lo quiere, nos instalemos en un pueblito de mar, con sus pescadores, con su
alfarería y sus campos de cultivo, con sus trabajos para andar cuidando a las tortugas, a los flamencos (flamingos los llaman acá), pero primero habrá que ver si existe algo así o parecido. Vamos ahora por la linea natural, ya después de estos 10 días sobre y bajo cemento nos da ganas de volver con un poco de nátura, esto de decirme a mi mismo que necesito un palo para hacer mi telar de cintura, o necesitar una piedra para sujetar los libros y no encontrarlo/a me satura un poquito, me había acostumbrado tanto a hacer uso de la natura así para ir cumpliendo mis necesitades que la ciudad se me queda corta para mucho tiempo.
En fin no hay muchas más cosas que contar, o lo mismo sí, pero las dejo en el tintero, tengan buenas tardes, buenos días y buenas noches y bueno acuerdense de dar señales de vida de vez en cuando, nosotros haremos de vez en cuando lo propio.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada