Dicen, allá en el pueblo, que febrero es el mes de los
vientos, y por lo que hemos podido comprobar los últimos años es cierto, allá corren en ráfagas de arriba a abajo, de abajo a arriba, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha... En la Choza soplan un poquitito más flojos y un poquitito más arremolidados, y se meten por los alerones de la casa y sin entrar dentro se se arrastran como reptiles entre las capas del tejado y hacen al brezo hacer un efeco de dulce mar que no llega a levantar las piedras, pero que si es muy fuerte puede mover algunas. Y fuera mueve cuanto encuentra y a mi, a veces me saca mi lado salvaje y salgo a enfrentarle y a perderle el miedo de los otros años cuando aún la casa andaba medio hecha y volaban plásticos, ropas y todo tipo de ensenseres y basuras varias de esas que usamos los humanos en nuestro cotidiano, que había que volver a recoger de entre las zarzas, los espinos y los arboles. Pero el viento también hace hermoso el lugar, se ven los arboles tumbarse o deshojarse, se mueven los elementos y hace moverse las estaciones.
Según me imagino ahora andará el verde creciendo timidamente y lentamente así como si fuera
una alfombra, sin sobresalir, quedandose no más a ras de suelo. Hará bien de frío aún y el campo será aún silencio, silencio de grillos, silencio de animalejos, sólo algunos pajaros timidos y otros bichos rompiendo esa soledad de vez en cuando y a horas determinadas, el tomillo andará haciendose verde y olvidando su escualidez del invierno, andarán ya las acederas y las corujas listas para irlas comiendo (en la choza hay un libro de verduras silvestres del comunidad de madrid que pueden consultar, color verde bajo la cama).
Pero ya no es diciembre y enero, anda el campo preparandose, amigüitos, cuando llegue la luz, cuando llegue el calor, cuando ya los días sean suficientemente
largos, vendrá una explosión en varios tiempos, primero los adelantados, los pulgones (para los de la huerta), los pájaros y las plantas ya levantardose palmo a palmo, e instectos de la primera avanzadilla para luego hacer paso a todo tipo de moscones, mariquitas, abejillas, y avispillas y arañas y un sin fin de mundillo enanillo anidando y revoloteando entre las primeras flores que son motor necesario para que las plantas sigan su curso y se mantengan fuertes.
Así es la natura, bien curiosa, bien salvaje, nunca habría de creer que se la entiende porque esconde muchos secretos y escondrijos que se nos pasan de largo en nuestros pequeños razonamientos de simples humanitos. Y no más, unas palabras para conectarme con aquello, para conectarles con aquello, para que me cuenten como crece y nace y renace cuando estén por allí de visita.
Mario
2 comentarios:
Mi negri, la chozita dormirá el Invierno, y despertará en la Primavera; y seguirá llenándose de vida, de matices, de olores y colores... para que cuando volvamos después del viaje, nos sintamos más en casa que nunca.
Gracias
te amo
la negra
Me gustó montón el texto. Un olé por vuestra vena poética. Dan ganas de irse a vivir allí, ahora especialmente que hace ya algunas semanas que no la visito. Un día de estos de acerco.
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